Antes asociabas a Torrente a un perfil muy de derecha rancia, ahora está en todas partes

Han pasado 12 años desde Torrente 5. Operación Eurovegas, que, yendo muy bien (fueron a verla 1,8 millones de personas), fue la menos exitosa de las cinco.

Entonces, Santiago Segura cambió el palillo en la boca y los chistes políticamente incorrectos del policía fascistoide por un personaje totalmente distinto, el más bien burgués y recatado “padre” de la saga Padre no hay más que uno, cuyas cinco partes fueron descomunales éxitos de taquilla.

Torrente presidente, éxito histórico del cine español, el mejor primer fin de semana de una película española en quince años, ha llegado a las salas de manera atípica, con un cartel sin imágenes, sin pases de prensa para los periodistas ni entrevistas promocionales.

La idea de Segura era preservar el secreto, sobre todo de los cameos, pero el director y actor está enfadado porque parte de la prensa los adelantó. En cualquier caso, esta “sátira política”, como se anuncia en los títulos de crédito, ha dejado claro que Torrente no está desfasado, sino que al contrario: está más vivo que nunca.

La trama es sencilla, Torrente, acompañado de su troupe (liderada por Gabino Diego), llega a convertirse en celebridad política en las filas de Nox, trasunto de Vox. ¿Su mayor gancho? Hablar “sin filtro”, o sea, ser racista, machista y gañán sin límite.

Pregunta. Estará contento, me imagino.

Respuesta. Moderadamente contento… sí. Pero no por una cuestión emocional, sino puramente física. Estoy contento con la acogida, claro, pero ahora mismo lo que tengo es un cansancio monumental. Me acosté ayer a las cuatro de la mañana después de la premier, que ya sabes cómo son, que si saludas a uno, que si hablas con otro, que si la celebración… y hoy a las nueve ya estaba aquí, empalmando entrevistas. Son las tres y pico, no he comido, tengo la voz destrozada…

P. Decía que esta película te generaba más nervios que otras…

R. Sí, sí, mucho más. Y no es una pose, es real. Porque aquí había varias decisiones arriesgadas acumuladas. La primera, volver a un personaje después de más de una década. Eso ya de por sí es peligroso: puedes defraudar a los fans, puedes no estar a la altura de lo que la gente recuerda… o peor, puedes darte cuenta de que el personaje ya no tiene sentido.

»Luego está el tono. Yo he querido seguir haciendo ese humor negro, incómodo, corrosivo, desagradable incluso, que siempre ha tenido Torrente. Pero claro, ahora vivimos en un momento donde todo se analiza, todo se juzga, todo se saca de contexto. Y yo entiendo perfectamente la evolución social, la necesidad de respeto, de no ofender gratuitamente. Eso en la vida real me parece fundamental. Pero en la ficción, si empezamos a poner límites, a autocensurarnos, a decir “esto no porque puede molestar”, “esto no porque puede interpretarse mal”, al final dejamos de contar historias con libertad.

»No puedes empezar a decir: “este libro no, esta película no”… porque entonces matas la creatividad. La ficción tiene que poder explorar lo incómodo, lo desagradable, lo incorrecto. Si no, no sirve para nada.


Santiago Segura: “Antes asociabas a Torrente a un perfil muy de derecha rancia, ahora está en todas partes”

P. ¿Por qué no ha querido mostrar la película antes de estrenarla?

R. Eso ha sido otra de las locuras que me tenía nervioso. Porque es ir contra todo lo establecido. Hoy en día te enseñan todo: teaser, tráiler, making of, entrevistas, clips… prácticamente ves la película antes de verla.
Y yo quería lo contrario. Quería recuperar esa sensación de ir al cine sin saber nada. A mí me ha pasado pocas veces en la vida, pero cuando me ha pasado, lo he disfrutado el doble. Entonces pensé: “vamos a intentar hacerlo”.

»Se lo pedimos a la prensa como un favor. No como una imposición. Toni Costa, el jefe de prensa de Sony, que es un profesional increíble, llamó a uno por uno explicando la idea: dejar el fin de semana para el público, sin spoilers, sin información, y luego ya el pase de prensa el lunes con todo abierto.

»Muchos lo entendieron perfectamente. Dijeron: “Qué idea más guay, cuenta conmigo”. Pero otros no. Y algunos decidieron saltárselo. Se fueron a una sesión de pago por la mañana y por la tarde ya estaban sacando titulares con cameos, críticas, detalles…

Santiago Segura atendiendo a una de las preguntas de El Cultural. Foto: Cristina Villarino


Santiago Segura atendiendo a una de las preguntas de El Cultural. Foto: Cristina Villarino

»Y eso, sinceramente, me pareció feo. No porque me perjudique a mí, sino porque rompe la experiencia del espectador. Yo me lo había currado muchísimo para generar sorpresa. Para que la gente tuviera ese momento de “¡hostia!” en el cine.

P. ¿Es posible mantener un misterio en estos tiempos en que cualquiera pone un tuit y ya lo ven miles de personas?

R. Recuerdo ese momento del Robin Hood de Kevin Costner. Cuando aparece Ricardo Corazón de León al final y es Sean Connery… eso fue brutal. Nadie lo sabía, no estaba acreditado, era un cameo sorpresa total. A mí me explotó la cabeza en el cine.Y entendí ahí lo que es el poder de la sorpresa. Ese subidón final. Eso es oro. Y yo quería hacer algo así. A mi manera, claro, pero generar ese efecto.

»Entonces cuando ves que alguien lo destripa antes de tiempo… duele. Pero bueno, también te digo que luego fui a salas donde la gente no sabía nada, y ver sus reacciones… eso compensa todo. Risas, codazos, sorpresa… eso es el cine.

P. ¿Le ha tranquilizado la respuesta del público?

R. Muchísimo. El millón de espectadores en cuatro días ha sido como un calmante inmediato. Porque claro, yo pensaba: “Igual a la gente le da igual Torrente, igual ya no interesa, igual este secretismo juega en contra…”. Pero ha pasado lo contrario. Y eso me ha relajado bastante, aunque el cansancio físico siga ahí.

»En la película hay momentos donde Torrente parece más humano, pero sigue siendo muy desagradable…
Es que tiene que ser así. No puedes suavizar a Torrente. Si lo haces, deja de ser Torrente. Es un personaje corrosivo, incómodo, desagradable… es un mierda. Literalmente.

»Y me gusta que haya momentos donde te rías y de repente te incomodes. Que digas: “Hostia, esto no tiene gracia en la vida real”. Porque es verdad. Un Torrente en la vida real no es divertido, es peligroso. Pero en la ficción puedes jugar con eso. Puedes exagerarlo, ridiculizarlo, convertirlo en algo que te haga reír y a la vez pensar.

“Torrente es un icono. Como el donut de Homer o como el Fary”

P. ¿Qué es Torrente para usted personalmente?

R. Es un ser deleznable… pero lo amo. Como personaje, claro. Me pasa como con Homer Simpson o el inspector Clouseau. Son idiotas, peligrosos, incompetentes… pero son fascinantes. En la vida real no querrías a ninguno cerca. No querrías que Clouseau investigara un crimen tuyo, ni que Homer dirigiera nada, ni que Torrente fuera policía. Pero en la ficción te encantan.

»Torrente es un icono. Como el donut de Homer o como el Fary. Son elementos reconocibles que forman parte del imaginario.

P. ¿Se esperaba que en 2026 fuera tan actual?

R. Eso es lo más inquietante. Yo pensaba que el personaje iba a quedar como algo de otra época, muy concreto. Pero no. No solo sigue vigente, sino que se ha expandido. Antes lo asociabas a un perfil muy concreto, muy de derecha rancia. Pero ahora ves comportamientos “torrentianos” en todos los espectros. Está en todas partes. Y eso es preocupante.

P. ¿La película carga más contra unos que contra otros?

R. No. Es una crítica al sistema en general. Es verdad que hay más protagonismo de unos, pero no hay intención de dejar a nadie bien.

»Y además, yo no quería alimentar el enfrentamiento. No quería que el espectador saliera diciendo “hemos ganado nosotros” o “han quedado mal los otros”. Quería que todos se rieran de lo mismo. Que hubiera una especie de unión a través del humor. Que bastante división hay ya fuera del cine.

P. ¿Tiene Torrente una dimensión social con ese retrato de la política pero también del mundo lumpen?

R. Claro. Todo cine la tiene. El cine refleja la sociedad, quieras o no. Y además es cultura, es industria, es empleo. Por eso me fastidia cuando se habla de subvenciones como si fueran algo exclusivo del cine. Se subvencionan muchísimas cosas. Y el cine también aporta: empleo, imagen de país, premios, cultura… Pero bueno, es un debate que siempre vuelve.

P. ¿Cómo le sentó volver a estar en la piel de Torrente?

R. Muy natural. De verdad. Fue ponerme el peluquín, las gafas… y ya estaba. Eso sí, tuve que engordar siete kilos, porque Torrente no puede estar delgado. Tiene que tener esa cosa sucia, descuidada. Pero como actor es un regalo. Es un personaje exagerado, extremo, muy libre. Puedes hacer cosas que con otros personajes no harías.

P. ¿Es más malo o más desgraciado?

R. Las dos cosas al 50 %. Es miserable, pero también da pena. Y eso es clave. Porque si solo fuera malo, lo rechazarías. Pero al ser un paria, alguien sin poder, sin cultura, sin recursos… genera cierta compasión.

Santiago Segura durante su entrevista con El Cultural por 'Torrente presidente'. Foto: Cristina Villarino


Santiago Segura durante su entrevista con El Cultural por ‘Torrente presidente’. Foto: Cristina Villarino

R. Que está avisado. Siempre ha sido así. No es nuevo. Es como si te digo que algo pica mucho y luego te quejas de que pica. Si no te gusta, no lo veas. Yo no quiero obligar a nadie. Quiero que lo vea quien quiera disfrutarlo.

P. ¿Todos tenemos un Torrente, o sea, un gañán dentro?

R. Sí, todos. Ese impulso egoísta, ese pensamiento incorrecto… lo tenemos todos. Luego está la educación, la moral, lo que te hace frenarlo. Torrente es eso sin filtro. Y reírte de él es una forma de liberar esa tensión.

P. ¿Puede influir políticamente la película?

R. Espero que no. Y si influye, que sea para que la gente exija más a los políticos. Pero no quiero hacer propaganda. De hecho, me critican de todos lados. Unos dicen que soy de izquierdas, otros que soy de derechas… así que supongo que algo estaré haciendo bien.

P. Decía que no se posiciona políticamente… ¿hasta qué punto es una decisión consciente?

R. Totalmente consciente. Y además muy pensada. Porque es que, de verdad, no le veo el beneficio. O sea, tú imagínate: te posicionas claramente, dices “yo soy de esto”… y a partir de ahí ya estás atado. Pase lo que pase, te lo tienes que comer. Si lo hacen bien, vale, pero si lo hacen mal, que es lo habitual porque todos se equivocan, te lo comes igual.

»Y lo peor es eso que dices: “Joder, he perdido, he votado al que no está gobernando”… o incluso peor, “he ganado y lo están haciendo fatal”. Entonces te sientes partícipe de algo que no controlas. Y a mí eso me incomoda mucho.

P. Hay quien dice que un artista es un personaje público y, por tanto, tiene la obligación de comprometerse…

R. Claro, es que ahora hay una especie de obligación de posicionarse en todo. Y yo no lo entiendo. De verdad. Hay cosas de las que no necesitas opinar. O que aunque tengas una opinión, no aporta nada compartirla. Por ejemplo, el tema de la religión. Yo no soy creyente. Pero tengo un respeto absoluto por quien lo es. Porque es algo íntimo, profundo, importante para mucha gente. Entonces, ¿qué necesidad tengo yo de decir “hay que ser muy tonto para creer”? Aunque lo pensara —que no es el caso—, ¿qué gano diciéndolo? ¿A quién ayudo? A nadie. Solo molesto. Yo creo que hay que tener un poco de filtro. No todo lo que piensas tiene que salir.

P. ¿Y con temas más complejos, como conflictos internacionales?

R. Ahí todavía más. Es que es peligrosísimo opinar a la ligera. Porque son temas complejos, con muchas aristas, con historias detrás que muchas veces ni conocemos bien.

»Pongo un ejemplo: puedes decir que Donald Trump actúa como un bully, que desafía normas, que rompe equilibrios… y seguramente tienes argumentos para pensarlo. Pero luego te vas al otro lado y ves regímenes donde se reprime brutalmente a la población, donde hay ejecuciones, donde no hay libertades… y dices, vale, ¿entonces qué hago? ¿Aplaudo a uno porque el otro es peor? Es muy complicado. Y ahí es donde yo digo: me callo. Porque mañana puede salir información nueva, puede cambiar el contexto… y te explota en la cara.

“Hay que tener un poco de filtro. No todo lo que piensas tiene que salir”

P. Pero hay quien diría que callarse también es posicionarse…

R. Sí, eso también se dice mucho. Pero yo creo que hay una diferencia entre no posicionarte públicamente y no tener criterio. Yo tengo mis opiniones, claro que sí. Pero no necesito convertirlas en un espectáculo público constante.

»Además, hay una cosa que me pasa mucho: me preguntan constantemente por todo. Y llega un punto en que dices, macho, ¿de verdad mi opinión es tan importante? ¿Aporta algo? Porque a veces parece que no. Vas a un evento, a una presentación, a lo que sea… y te dicen: “Oye, ¿quieres firmar esto?”, “¿quieres leer este manifiesto?”, “¿quieres apoyar esta causa?”.

»Y muchas veces son cosas legítimas, ojo. Pero yo siempre pienso: ¿y mañana qué? ¿Y si cambia el contexto? ¿Y si no tengo toda la información? ¿Y si estoy firmando algo con lo que dentro de un mes no estoy de acuerdo? Entonces muchas veces digo que no. No por estar en contra, sino por prudencia. Porque no quiero comprometerme a algo que no controlo del todo.

P. Volviendo a Torrente… ¿habrá más?

R. Esa es la gran pregunta, ¿no? (risas). A ver, no soy Nostradamus, no puedo prever el futuro. Pero con un millón de espectadores en cuatro días… sería absurdo decir que no lo pienso. Ahora bien, no lo haría por hacer. Tiene que haber una idea que me entusiasme, que me ponga cachondo, literalmente. Porque si no, no merece la pena.

»Yo no quiero hacer una película por inercia, por dinero o por presión. Si hago otra, tiene que ser porque creo que puede ser igual o mejor que esta. Si no, prefiero dejarlo donde está.

P. Hablaba antes de lo difícil que es hacer cine pegado a la actualidad.

R. Es muy complicado. Muchísimo. Porque vivimos en un momento donde todo caduca rapidísimo. Un meme dura tres días. Una polémica dura una semana. Y una película… tarda años. Esta película, por ejemplo, lleva cinco años en mi cabeza. Cinco años. Y claro, durante ese tiempo han pasado mil cosas. Algunas ya no tienen sentido, otras han cambiado completamente. Por eso he tenido que estar ajustando hasta el último momento. Literalmente, hasta hace diez días no estaba cerrada. He metido cosas de actualidad casi en off, en detalles… porque si no, se te queda vieja antes de estrenarse.

P. Antes se hacía de otra manera…

R. Claro, antes era más ágil. Piensa en Mariano Ozores. Leían una noticia en el periódico y decían: “Vamos a hacer una película de esto”. Se reunían dos semanas, escribían el guion, rodaban en un mes… y en dos o tres meses estaba en cines. Eso ahora es imposible. La maquinaria es mucho más compleja. Producción, financiación, distribución… todo lleva tiempo. Y ese tiempo juega en contra de la actualidad.

P. Entonces, ¿hacer cine político o coyuntural hoy es casi un milagro?

R. Totalmente. Para mí, que esta película la veas y digas “parece recién hecha” ya es un logro enorme. Porque lo normal sería que dijeras “esto ya ha pasado”, “esto ya no tiene sentido”. Y ahí es donde entra también la decisión de no enseñarla antes. Porque cuanto más retrasas la exposición, más fresca llega.

P. Para terminar, ¿le ha quedado una película más tierna de lo que esperabas?

R. Puede ser. Yo no lo busco conscientemente, pero puede que sí haya momentos más tiernos, más humanos. Supongo que con los años también cambias, aunque sea un poco. Pero vamos, que sigue siendo Torrente, no nos engañemos (risas).

Source

Be the first to comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*