Su voz, pesa, y los silencios que maneja se hacen largos. Dan ganas de interrumpir. Pero es mejor que termine. Parece que responde a un código que todavía no ha terminado de abandonar. Tras 38 años de carrera en el Servicio de Inteligencia británico —los últimos cuatro, al frente— , Sir Richard Dearlove se desenvuelve hoy entre el mundo académico y los medios, donde se dedica a interpretar un mundo que, advierte, ha dejado de regirse por consensos.
Ingresó en el MI6 en los años sesenta y atravesó, desde dentro, algunos de los episodios clave de la Guerra Fría. Pasó por Nairobi, Praga, París, Ginebra y Washington. Por medio mundo. Solo de Praga hay rastro de su trabajo. Del resto, silencio administrativo… y legal, porque continúa sometido a la ley británica de secretos oficiales.
Sigue la actualidad con disciplina: lee la BBC, medios estadounidenses como MSNBC o Fox, prensa francesa —habla el idioma— y revistas especializadas como Foreign Affairs o Le Grand Continent. La española, simplemente, no le interesa. Y cuando lee o ve la televisión siempre echa en falta algo. Es la deformación profesional que le lleva a sospechar que lo esencial rara vez se publica.
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Con ese radar, dibuja un mundo incómodo: Donald Trump no es la causa, es el síntoma. Lo importante, dice, es el regreso del Estado nación y el desgaste de los grandes organismos internacionales. Y lanza el aviso sin rodeos: “Puede que no le interese la guerra, pero la guerra está interesada en usted”. Traducción: el “no a la guerra” no te exime de ella. Y ahí mete a España en la ecuación.
Sus diagnósticos y pronósticos no son cómodos para Europa, que ha vivido arropada en un manto de bienestar en los últimos 50 años. Un tiempo clave en el que otros han ido rearmándose. Advierte de una China “asertiva y agresiva” y carga contra el acercamiento del Gobierno hacia este país al sospechar que la excesiva dependencia puede suponer un problema a medio plazo para la seguridad del continente.
Pero, más allá del analista, asoma el hombre. El espía que vivió vigilado durante años en Praga, que no hizo amigos; el marido que compartió esa vida itinerante y a la sombra con su mujer; el hijo de un padre olímpico y de una madre que le dejó una advertencia sencilla: cuidado con las cimas, que son las que más resbalan.

Richard Dearlove, durante su entrevista con EL ESPAÑOL.
La BBC dijo una vez que usted es un hombre “todoterreno” de la inteligencia, y no sonaba muy positivo.
Bueno, pongámoslo así: me incorporé al MI6 en 1966, me retiré en 2004 y desde entonces se me ha considerado un experto y comentarista sobre inteligencia y seguridad. Eso abarca un periodo de 60 años. El MI6 solo se fundó en 1909, así que durante la mitad de su existencia moderna he tenido experiencia directa. No hay muchas personas en la inteligencia occidental que tengan mi amplitud de experiencia y perspectiva sobre prácticamente todos los aspectos de cómo funcionan las comunidades de inteligencia. Así que, sí, he cubierto bastante terreno.
Se conoce parte de su misión en Praga, donde coordinó la infiltración de un agente formado por su propio servicio. Sin embargo, no hay información alguna sobre su etapa en París, Ginebra o Washington.
La razón por la que el material sobre Praga es de dominio público está en la caída del gobierno comunista y en el hecho de que los archivos de la policía secreta comunista checoslovaca se hicieran públicos. Yo sigo sujeto a la Ley de Secretos Oficiales, así que no puedo hablar de lo que hice en estos otros destinos pero, en términos generales, puedo decirle que mi trabajo en París consistía en mantener una relación muy estrecha con el servicio de seguridad francés, con el que el Reino Unido trabaja muy de cerca. Y ocurrieron cosas muy notables mientras estuve en París.
Fue un periodo muy interesante, con Mitterrand desbancando a Giscard. ¿Qué tipo de ‘cosas’ ocurrieron?
Bueno, pasaban muchas cosas, pero básicamente nos ocupábamos de asuntos relacionados con la Unión Soviética, el Pacto de Varsovia y varios países árabes. Y los franceses en ese periodo estaban llevando un caso de espionaje de la Guerra Fría muy, muy importante que, curiosamente, tenía un nombre en inglés, Farewell, así que los franceses lo llaman Fuckwell. Luego estuve en Ginebra al final de la Guerra Fría, durante el periodo en que Irak invadió Kuwait. Y el hermano de Saddam Hussein estaba en Ginebra. Después pasé directamente a ser el jefe de estación en Washington, coincidiendo con la desintegración de la Unión Soviética, así que fue un momento crucial. Fue una época bastante extraordinaria para desempeñar los trabajos en los que tuve la fortuna de encontrarme, y yo estaba profundamente implicado en ellos, pero, más allá de eso, no se lo voy a contar. No, por supuesto. ¡Adiós!
Y siempre estuvo acompañado de su esposa.
Sí. Mi esposa era hija de un diplomático. Nació en Reikiavik, vivió en Sofía, detrás del Telón de Acero, en Bagdad, en Helsinki… La conocí en Cambridge. Encajó con mucha facilidad en una vida en la que después viajamos juntos por todo el mundo. ¿Puede imaginársela, con 10 u 11 años, viajando sola en el Orient Express de París a Sofía porque no era seguro volar a Bulgaria en aquella época? Pensándolo ahora, que esto ocurriera en los años 50, es bastante increíble.
Reconoció hace un tiempo que no sufre en situaciones de estrés.
Creo que eso es simplemente una cuestión de carácter y personalidad. Si uno sufre estrés o ansiedad, claramente no va a ser jefe del MI6, ¿verdad?
¿Hay algo que asuste a un exjefe de la inteligencia británica?
No me gustan las alturas, así que estar al borde de un acantilado mirando hacia abajo. Eso es prácticamente lo único que le diría que me asusta. Aunque sigo esquiando.
¿Un ex espía anda siempre vigilado?
Nos siguieron mucho a mi esposa y a mí cuando vivimos en Praga durante la Guerra Fría, yo como diplomático británico que hablaba checo y mi esposa ruso. Pasé cuatro años viviendo así, saliendo de casa y siendo perseguido el resto del día. Estoy bastante acostumbrado a eso.

El ex jefe del MI6.
¿Es posible hacer amigos?
En Praga era muy difícil, más bien, no era posible. Realmente no podía hacer amigos con checos locales. Tenía que asumir que cualquier contacto que tuviera, fuera sincero o no, probablemente estaba controlado por la policía secreta. Cuando dejamos nuestra casa en Praga, empezó una obra. Sacaron del interior 16 o 18 micrófonos. Así era la vida. Uno no se sorprendía. Simplemente se adaptaba a ello.
¿Y ahora?
Ahora no me preocupa demasiado. Soy un ciudadano privado. Pero, obviamente, no se pierden los hábitos de toda una vida. Mire, no soy como los ex jefes de la CIA, que siguen teniendo seguridad de por vida. Quiero decir, cuando uno ha sido jefe del MI6 llega un punto en el que al Gobierno británico ya no le importa usted; usted se ocupa de sí mismo, y estoy bastante contento con eso. Obviamente, hay ciertos lugares a los que no voy a ir.
¿Por ejemplo?
Casi con seguridad no viajaría a Rusia ahora; probablemente tampoco viajaría a China, salvo que fuera por motivos oficiales. Al Gobierno británico no le gustaría que fuera pero, en realidad, no importa mucho; he estado en todos esos lugares, así que ¿por qué querría volver?
Hace un año Vladímir Putin ocupaba el centro del tablero internacional; hoy, Trump se ha abierto paso a codazos.
Sí, han cambiado las cosas, porque Trump se ha convertido en un factor determinante que influye en cómo la opinión pública percibe los asuntos internacionales. Pero el punto que es importante resaltar es que estamos viviendo un periodo en el que el orden internacional basado en reglas está cambiando de manera muy rápida. Lo que estamos viendo es el declive de los mecanismos de consenso en los asuntos internacionales, el declive de la importancia de la ONU, el declive de la importancia de la UE, el declive de la importancia de la OMC. Todos estos mecanismos relacionados con Davos están perdiendo importancia. Y hay un resurgimiento de la identidad del Estado nación. Trump no es la causa de eso, es un síntoma y un catalizador. Es solo un ejemplo extremo y hay que restarle peso cuando uno piensa en el grado de cambio que estamos viviendo en la geopolítica.
¿En qué sentido?
Vivimos una situación internacional muy dinámica. ¿Quién habría pensado que podríamos tener una gran guerra en Europa que permaneciera confinada dentro de las fronteras de Ucrania? Es muy sorprendente. Tenemos una China muy asertiva y agresiva, una reorganización completa de Oriente Medio y una crisis de 35 años con Ucrania que ha llegado a un punto culminante.
¿Cuál es entonces la credibilidad de Trump?
Hay que descontarla porque dice muchas locuras. La última, fueron sus comentarios sobre el Papa. Pero lo que hay que recordar sobre la administración Trump es que ha hecho cuestiones importantes: ha despertado a los europeos sobre la importancia de gastar dinero en la OTAN y de pagar su propia defensa. Ya sabe lo que ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial: el paraguas de seguridad estadounidense convenció a muchos países europeos, entre ellos el Reino Unido y España, de que podían gastar muchísimo en protección social y no pagar su propia defensa, porque se sentían respaldados por la seguridad estadounidense.
Pues bien, esa situación se ha acabado definitivamente y estamos en una nueva era. Eso me parece importante. También replanteó la política hacia China en su primer mandato, aunque ahora estamos en una posición completamente distinta. España es la excepción por la actitud de su presidente. Va por su cuarta visita a China y está colocando al país en una posición muy difícil al fomentar la creación de dependencias económicas en Europa de tal manera que podría suponer un verdadero problema para la seguridad europea a medio y largo plazo.
¿Cuál sugiere que debería ser la relación ante China?
Europa necesita una política coordinada frente a la agresión comercial y económica. Y si mira la relación de España con China, verá que está completamente desequilibrada. Las exportaciones españolas son una fracción de lo que ustedes permiten que los chinos hagan en España. Y hay que tener en cuenta que no está tratando con el pueblo chino, sino con un partido marxista-leninista clásico que emplea todas las técnicas que conocemos de la Guerra Fría. No digo que no haya una relación comercial, pero sí una relación muy consciente, cuidadosamente equilibrada, y no una que haya perdido todo sentido de la proporción.

Sir Richard Dearlove, con la periodista.
Rusia ha apuntado a compañías europeas, incluyendo a la filial española UAV Navigation, del Grupo Oesía, como un “objetivo militar” por su apoyo a la producción de drones en Ucrania. ¿Qué alcance tiene esta amenaza?
La amenaza es muy creíble. Varias fábricas europeas que producen en el sector de defensa –repuestos, chips, munición y sistemas de armas– y que suministran a Ucrania han sido objeto de ataques de sabotaje inspirados por Rusia, especialmente en la República Checa en 2014, 2025 y 2026. El presunto sabotaje de 2026 tuvo como objetivo una fábrica de drones. En el Reino Unido, un almacén de material relacionado con la defensa destinado a Ucrania fue incendiado por delincuentes comunes reclutados por la inteligencia militar rusa (el GRU).
¿Qué herramientas reales tiene Rusia para cumplir tal amenaza?
En el caso checo, se cree que el ataque de 2014 fue obra de la unidad 29155 del GRU. Los operativos se hacían pasar por empresarios. En el Reino Unido, el GRU también operaba a través de un grupo de búlgaros (detenidos en 2025) que llevaban a cabo actividades por toda Europa para apoyar a la inteligencia militar rusa. También ha pagado a delincuentes para realizar ataques incendiarios en el Reino Unido y en otros lugares. El GRU no se ve disuadido de este tipo de acciones de “guerra gris” por el hecho de que se lleven a cabo en territorio de la OTAN; y está entrenado y equipado específicamente para ser capaz de realizar este tipo de actividades. La amenaza es real, y España no debería imaginar que está de algún modo excluida de un problema que afecta a toda Europa.
¿España y Europa están más preparadas ahora para afrontar un nuevo conflicto?
Ahí está el problema. Polonia es el país que lo ha hecho bien. Ya está gastando el 5% del PIB en defensa. Del mismo modo, el gran asunto es la reconstrucción de la defensa alemana. Por supuesto, esto es controvertido dada su historia, pero creo que demuestra la madurez de la Alemania actual que se asuma y posicione como la principal potencia defensiva en Europa. Además, la respuesta a muchos de sus problemas económicos y con la industria automovilística sería centrarse en el armamento. El Reino Unido ha hecho declaraciones alentadoras sobre aumentar su presupuesto de defensa, pero lo está haciendo demasiado despacio. Necesitamos darle mucha más prioridad. Eso probablemente significa recortar el presupuesto de bienestar, recortar el sistema nacional de salud; o, al menos, no ampliarlo.
España va a la zaga de Europa. Y no parece sentir que forme parte del problema. En parte es un asunto geográfico: ustedes están lejos de Rusia. Cuando uno viene aquí, a España, se siente distante, y ya sabe que el país tiene esa actitud muy relajada, casi hedonista, donde a la gente le gusta venir y pasar las vacaciones de verano. La ironía es que tiene unas fuerzas armadas muy sofisticadas y una capacidad militar y naval muy buena, pero no son ni de lejos lo suficientemente grandes. No veo ningún sentido de urgencia entre la población española sobre este asunto, presumiblemente porque el Gobierno no se la está transmitiendo. Y la hay.
Con una economía aún frágil y sin una clara sensación de urgencia, cómo encajaría la población social y políticamente el aumento del gasto en defensa.
Bueno, si Ucrania puede gastar el 35% de su PIB en defensa cuando su economía está hundida, debe haber una solución europea a la pregunta que me hace. Y la solución es que hay que reordenar las prioridades del gasto público, lo cual será muy, muy impopular porque todos nos hemos acostumbrado a una ayuda social tan generosa. Desde luego, en el Reino Unido significaría recortar el presupuesto de bienestar. Si suma lo que gastamos en intereses de la deuda nacional y el coste del NHS, es casi ocho veces mayor que el presupuesto de defensa. Así que hay mucho margen.
El reclutamiento militar está volviendo poco a poco a Europa. Francia, Alemania… ¿Es realmente necesario y cree que las mujeres deben formar parte de él?
Sí. De hecho, el líder del Partido Conservador en el Reino Unido está planteando un aumento de 20.000 efectivos para el ejército británico, tanto hombres como mujeres. Personalmente, soy partidario del servicio militar obligatorio y, por lo que vemos alrededor, ya no parece una idea descabellada. Creo que la gente se da cuenta de que puede ser necesario si miramos la seguridad europea en los próximos cinco años. Y, desde luego, si mira a las pequeñas potencias militares sofisticadas como Finlandia, verá que tienen un sistema de defensa y seguridad muy desarrollado, por supuesto porque comparte frontera con Rusia.
¿Cree que Trump cumplirá su amenaza de abandonar la OTAN?
No, no puede decidir salir de la OTAN. Se necesita una votación de dos tercios en el Senado y no hay forma de que vote para que Estados Unidos se vaya. En cierto modo, son declaraciones bastante disparatadas pero, por otro lado, están empujando a los europeos a centrarse más en su capacidad defensiva. Y creo que en este aspecto la UE sí tiene un papel que desempeñar, que es el de coordinar la producción de defensa y de armamento. Eso sí, no soy partidario de construir un ejército europeo ni nada parecido; ya tenemos a la OTAN.
Esta idea lleva años en el congelador. Pero, ¿cree que Europa estará preparada para afrontar un conflicto sin el paraguas de Estados Unidos?
No, creo que ahora mismo es esencial que sigamos manteniendo el paraguas estadounidense. Eso no significa que no debamos poner mucha energía y esfuerzo en reconstruir una capacidad europea sin él. Y, por supuesto, hay muchas ideas importantes, o más bien diría debates, que flotan en el aire. Las capacidades nucleares francesa y británica podrían operar más estrechamente. Si lo hicieran, cabría preguntarse si podría haber una participación europea, de modo que se hablaría de armas nucleares tácticas más que estratégicas. Creo que es un debate importante, pero es poco probable que se resuelva pronto porque es muy controvertido.
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El nombramiento de Dearlove al frente de los servicios secretos marcó el inicio de las nuevas prioridades de la agencia tras la Guerra Fría. Y su figura quedó inevitablemente marcada por la guerra de Irak en el año 2003. El Informe Chilcot, que evaluaba la intervención del gobierno británico en esta operación, le apuntaba como la figura clave que proporcionó al entonces primer ministro Tony Blair información “caliente” y no suficientemente verificada sobre las supuestas armas de destrucción masiva. El resultado, ya lo conocen. Fueron siete años de investigación, más de 150 testigos, incluido Blair, decenas de miles de documentos y una conclusión: la información entregada fue incompleta. Desde entonces, su figura proyecta más autoridad fuera que dentro de casa.
¿Qué siente cuando ve ahora el “no a la guerra” en España?
Hay una cita famosa: usted puede no estar interesado en la guerra, pero la guerra está interesada en usted. Y es ridículo que España esté ahí diciendo que no quiere formar parte de esto. Usted forma parte, le guste o no, porque todos los aspectos de su economía se ven afectados por lo que ocurre en Oriente Medio. Así que decir “no es asunto nuestro” es simplemente una evasión de la realidad. Esa es, me temo, la naturaleza de la geopolítica. Y es una manera de expresar el dilema de España. Permítame plantearle una pregunta hipotética: si la guerra que Israel y EEUU están llevando a cabo en Irán destruye el régimen iraní actual, ¿se alegrará el pueblo español o pensará que es un desastre? Creo que sé cuál es la respuesta a esa pregunta. Ahora bien, para Occidente en general, la desaparición de ese régimen iraní probablemente será, con el tiempo, un enorme beneficio económico, político, social y moral. Entonces, ¿qué pensaremos de Trump?
Pero esto es una especie de guerra preventiva. Creo que ya había quedado olvidada o desacreditada. ¿Qué paralelismos ve con 2003?
¿Está hablando de Irak? Este tema sería para otra entrevista completamente distinta porque es una cuestión muy compleja.
Pero hablamos de la guerra preventiva.
Guerra preventiva. De acuerdo. Bueno, la ironía de la guerra de Irak es que, si mira Irak ahora, puede argumentarse de forma bastante convincente que la intervención fue exitosa: nos deshicimos de Sadam Husein, eliminamos los programas de armas que estaban en distintas fases de desarrollo en Irak, ahora es un país distinto y, de hecho, ha emprendido un curso económico bastante positivo, y la vida es mucho mejor en Irak para el iraquí medio.
Ah, ¿si?
Y sí, ha llevado muchísimo tiempo lograrlo, pero yo sostendría que el resultado final ha sido positivo. También sostendría mucho sobre las controversias en torno a la intervención original. No voy a entrar ahora en eso porque es una cuestión demasiado complicada. Y me sorprende que los periodistas en general crean entender el asunto mejor que los agentes de inteligencia.
Entenderá que el mundo quiere respuestas.
Sí, pero, por ejemplo, tuvimos una investigación de ocho años sobre Irak en el Reino Unido, la investigación Chilcot. Produjo un documento más largo que la Biblia y realmente no respondió ninguna de las preguntas controvertidas. Y la investigación nunca fue a Irak, no habló con un solo iraquí, no habló con ningún estadounidense. Fue un sumario político sobre lo que ocurrió en Whitehall y en Londres, y pretende ser una especie de explicación. No responde a ninguna de las preguntas en absoluto.

Sir Richard Dearlove.
¿El programa nuclear de Irán está realmente lo bastante avanzado como para justificar la intervención de Estados Unidos?
Sí, creo que sí. Estoy increíblemente preocupado y alarmado por que tenga la capacidad o el material fisible para desarrollar un arma nuclear, dado el carácter del régimen. Es una situación que era completamente inaceptable a nivel internacional, y eso es básicamente lo que España también debería estar pensando. Creo que el programa iraní ha quedado seriamente dañado y sería muy difícil reiniciarlo. Lo que queda en algún lugar de Irán son 450 kilos de uranio enriquecido por encima del 60%, que está muy cerca del nivel que se necesita para material fisible. Con ello no podría reiniciar un programa, pero sí fabricar uno o dos artefactos nucleares.
¿Es suficiente entonces?
Hasta que ese material no se negocie o se vuelva a encontrar, y haya que desenterrarlo, seguirá siendo un problema. Ese es el problema. Tenga en cuenta que los orígenes de este conflicto son suníes y chiíes, no es Occidente contra Irán, aunque se ha convertido en eso. Para los chiíes en Oriente Medio está fuera de cuestión tener un arma nuclear sin que los suníes tengan una también. Esto llevaría a una carrera armamentística en Oriente Medio.
¿Qué cree que hace falta para que tengan éxito las conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán, según su experiencia?
Creo que Irán tiene que entender la debilidad real de su posición y hacer concesiones. Estamos en el capítulo final de una guerra que empezó hace 35 años. Y yo personalmente espero que el régimen iraní desaparezca en el próximo año. No creo que sobrevivan a esta crisis. Y creo que, un gobierno más maleable o más conciliador hará que la región sea bastante más fácil de gestionar. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de un conflicto suní-chií, aunque el régimen iraní se ha identificado con la destrucción de Israel y con la “muerte al Gran Satán”. La ironía es que, fue una locura cuando Trump habló de la destrucción de un país entero, pero eso es exactamente lo que los iraníes han estado diciendo durante años sin que nadie pestañeara.
Es distinto si lo dice el presidente de un país occidental que, además, es la primera potencia militar mundial.
Llevamos 35 años oyéndolo.
¿Hay alguna decisión en toda su carrera de la que se arrepienta?
Sí, pero no voy a admitirlo.
¿Nunca?
Dejémoslo así.
¿Cómo aprende un británico el idioma checo?
Tuve que hablarlo porque me obligó mi servicio. Lo aprendí con emigrados que vivían en Londres. Tuve un maravilloso profesor que era un poeta checo de Brno, trabajaba para el Servicio Checo de BBC World Service y tenía una voz maravillosa, también escribía poesía. Pasé mucho tiempo con este caballero elegante y triste, un refugiado que echaba muchísimo de menos su país. Es un idioma y un país fascinante, también la música. Escuchaba las óperas de Janáček. Hágalo.
Su padre fue un deportista olímpico. Eso debió marcarle de alguna manera.
Sí, mi padre fue el único deportista con una sola pierna que ganó una medalla olímpica de plata. Lo que mi padre me enseñó, si te amputan una pierna a los 12 años y caminas con muletas el resto de tu vida, es que eres una persona muy decidida y dura. Eso fue lo que me enseñó mi padre: determinación y no compadecerte de ti mismo.
¿Y su madre?
Mi madre fue una persona verdaderamente extraordinaria. Nació en un pueblo de pescadores. Dejó la escuela a los 14 años. Se escapó a Londres porque odiaba a su padrastro. Y era una mujer brillantísima a la que no se le dio la oportunidad de acceder a estudios superiores, pero aun así tuvo un gran éxito en su vida. Así que también fue una persona bastante extraordinaria.
¿Cómo se tomó que pasase a dirigir el MI6?
El día que me nombraron jefe del MI6, mi madre, que entonces tenía casi 90 años, me envió una tarjeta. Y dentro de la tarjeta estaba escrita la cita: “Cuidado con los escalones más altos, porque son los más resbaladizos”. ¿No es ingenioso? Eso lo dijo el rey Jaime I de Inglaterra en el siglo XVI. Mi madre era increíblemente inteligente y era una empresaria muy exitosa por derecho propio. [Silencio]. “Cuidado con los bancos más altos; son los más resbaladizos”… Eso también se le podría decir a Sánchez.
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Dearlove nació en Cornualles en enero de 1945, estudió en la escuela privada Monkton Combe y, tras pasar un año en Estados Unidos, ingresó en Queen’s College, en Cambridge. Dicen algunas lenguas que es uno de los lugares favoritos donde reclutan las agencias de inteligencia. Pero por supuesto jamás podrá confirmarse.
Fue en Cambridge donde conoció a su actual mujer. Acudió a una fiesta en el college femenino, donde se encontraba ella, y coincidieron en el autobús de vuelta. Desde entonces, han ido juntos a todos los destinos. Sus tres hijos han tomado caminos ajenos a la inteligencia —arte, moda y arquitectura— y sus nietos aún no saben muy bien qué preguntarle. Quizá porque su historia no es fácil de encajar en una conversación familiar.
¿Siente que se perdió algo por una carrera tan singular?
Llevaba una vida bastante peculiar. Así que la normalidad de la vida que tienen algunas personas, quizá, se me escapó. Sobre todo cuando era oficial operativo y viajaba por el mundo haciendo cosas que… dificultaban bastante la vida familiar. Pero sobrevivimos como familia con mucho éxito.
Ahora tiene tiempo de sobra.
Sí, creo que ahora tengo mucha suerte.

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